La elección de los tres componentes básicos de la etiqueta responde a las utilidades y aplicaciones que se deseen obtener y son determinantes para un buen resultado del etiquetado y clasificación.

El adhesivo es la parte en contacto directo con el producto. Su elección depende de la funcionalidad que se quiera obtener. Puede proporcionar etiquetas permanentes, removibles, temporales, sensibles o insensibles a las temperaturas o que eviten la toxicidad de productos alimentarios y sanitarios.

El frontal es la parte visible de la etiqueta. Las posibilidades de elección del elemento físico son múltiples, en función de la resistencia que se pretenda y de la impresión posterior. Pero, además, es posible utilizar productos diseñados para aumentar el nivel de seguridad de un producto y que sean detectados por instrumentos antirrobo o que indiquen si se ha roto la cadena del frío.

Con mayor frecuencia se están empleando tintas elaboradas sobre una base de agua, que evitan la contaminación y reducen, al no contener elementos inflamables, los riesgos de incendio o explosión. Estas etiquetas son las más adecuadas para el sector de la alimentación o el farmacéutico. Además, también se pueden emplear tintas invisibles o reactivas a los cambios de temperatura.

Las etiquetas se dispensan adheridas sobre el tercer elemento, el soporte. La elección de éste depende de los gramajes y calibres requeridos, y de la posibilidad de transparencias de la etiqueta final. Este elemento es el que proporcionará la flexibilidad adecuada para los dispensadores automáticos de alta velocidad.

Frecuentemente, la elección de estos tres elementos está condicionada entre sí para obtener los mejores resultados.

Para la fabricación de las etiquetas se utilizan troqueles rotativos de gran precisión, que evitan alcanzar el soporte o irregularidades en el corte.

Las etiquetas pueden entregarse en bobina, plegadas en zig-zag o en hojas sueltas y con diferentes tipos de barnices UVI que permiten ofrecer diversos niveles de protección.